Reflexiones de mitad de semana 15, 18.03.2026
Tecnología para la gobernanza de ciudades inteligentes
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| Un techo inclinado de tejas optimiza la recolección de agua de lluvia. ¡Al fin y al cabo, el pensamiento inteligente es clave para la gobernanza de una ciudad inteligente! |
Por mucho que algunos de nosotros nos sintamos cautivados —y depositemos nuestra total confianza— en una vida sencilla alineada con el pensamiento gandhiano, la tecnología está hoy tan intrínsecamente entrelazada y arraigada en nuestras vidas que nos resulta imposible prescindir de ella para gestionar y mejorar nuestro día a día.
El actual orden económico mundial descansa, en gran medida, sobre la eficiencia de la tecnología; tal es el grado de dependencia que tenemos de ella en estos tiempos. Hoy en día, la infraestructura ha llegado a depender tanto de la tecnología que apenas podemos distinguir la una de la otra.
La banda ancha resulta fundamental para las comunidades insulares aisladas. Sin embargo, para quienes habitamos en tierra firme, la lista de aplicaciones tecnológicas en nuestras vidas constituye, ciertamente, una curva infinita: desde ambulancias y vehículos de búsqueda y rescate, hasta el transporte urbano de superficie, la aviación, la previsión meteorológica, la predicción del tráfico (tanto para la micro como para la macroplanificación), la infraestructura logística, la inteligencia artificial en las aplicaciones policiales (bueno, la IA está invadiendo todas las esferas del panorama humano, no solo la policial), la agrotecnología, la climatización, los sistemas de alerta temprana... pasando por el control remoto de todo tipo de dispositivos —desde televisores hasta portones— y la protección de datos biométricos. La inteligencia artificial será objeto de análisis en una entrada de blog independiente.
«Desde 2015, se han logrado avances notables en la expansión de la infraestructura, el fomento del crecimiento industrial y el impulso a la innovación. No obstante, persisten marcadas disparidades regionales, y muchos países en desarrollo continúan enfrentándose a barreras sistémicas que obstaculizan una industrialización inclusiva y sostenible. Para avanzar en la consecución del Objetivo 9, los países deben aumentar la inversión en infraestructuras resilientes y en investigación y desarrollo, ampliar el acceso a la financiación para los pequeños fabricantes y cerrar la brecha digital priorizando el acceso a una banda ancha asequible y a sistemas de innovación en las regiones del mundo más desatendidas. Las Naciones Unidas están promoviendo la inclusión digital a través de iniciativas como el Banco de Tecnología para los Países Menos Adelantados y el Pacto Digital Mundial, cuyo objetivo es subsanar las brechas de conectividad, ampliar el acceso a la innovación y garantizar que los beneficios de la transformación digital lleguen a todos», según se indica en el Informe de Progreso de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) relativo al Objetivo 9.
El desafío para los administradores y para la gobernanza de las «ciudades inteligentes» (Smart Cities) reside en lograr que este desarrollo sea adaptable al clima y respetuoso con el medio ambiente. El informe sobre los ODS correspondiente a 2025 señala que tan solo el 51 % de la población mundial tiene acceso a la tecnología 5G para el uso de teléfonos inteligentes. De este porcentaje, el 84 % se concentra en las economías occidentales desarrolladas. En 2024, la tecnología 5G cubría el 51 por ciento de la población mundial, con un 84 por ciento en los países de altos ingresos y un 4 por ciento en los de bajos ingresos. La red 4G alcanzó el 92 por ciento a nivel mundial. Sin embargo, el 15 por ciento de las personas en los países menos desarrollados y el 14 por ciento en los países en desarrollo sin litoral carecen de banda ancha móvil.
La tecnología no se limita únicamente a los teléfonos inteligentes, aunque hoy en día se puede acceder a la mayoría de las aplicaciones tecnológicas a través de ellos. La tecnología de la «vieja economía» abarca desde las imágenes satelitales para el pronóstico meteorológico y la robótica para operaciones quirúrgicas avanzadas o a distancia (¡realizadas en el cuerpo humano!), hasta el control de emisiones en automóviles, la mejora de la movilidad, la fotografía y videografía digital, las redacciones digitalizadas, la seguridad alimentaria mediante innovaciones tecnológicas, las intervenciones médicas (imaginen la IA en la farmacología: podría adaptar, por ejemplo, el número de unidades que un paciente diabético debe inyectarse), la gestión del tráfico, los sistemas de alerta temprana ante fenómenos meteorológicos extremos y catástrofes naturales, entre otros.
Los sistemas de aire acondicionado, por ejemplo, podrían eliminarse por completo —sí, incluso en las zonas tropicales— si nos apegáramos a los principios de la sabiduría tradicional, tales como la construcción sin cemento, una amplia ventilación cruzada, y el aprovechamiento de la iluminación y ventilación naturales. Bastaría con aplicar los principios agrometeorológicos tradicionales de la arquitectura y la horticultura a microescala para prescindir totalmente del aire acondicionado. Sin embargo, los líderes de la industria moderna insistirán en que los paisajes urbanos requieren estructuras de 20 pisos. No es así. La migración es la principal responsable del crecimiento urbano insostenible —léase: edificios de múltiples plantas—, los cuales sí requieren aire acondicionado. ¿Qué tal si optáramos por estructuras residenciales más modestas, capaces de integrar la flora y fauna nativas, las cuales, en conjunto, mantendrían el entorno naturalmente fresco?
Más allá de la construcción sin cemento, existen otros principios arquitectónicos tradicionales —como las casas de barro, las técnicas de tierra apisonada, la construcción con *cob* y entramado (*wattle*), o la fabricación de adobes in situ— que permiten reducir drásticamente tanto el uso de cemento como los costos de transporte.
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| La construcción con barro y entramado —o las casas de barro— es genial y respetuosa con el clima. |
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